viernes, julio 24, 2026
Home Nacionales“Hasta hallarlos no nos vamos”, siguen búsquedas en Vargas a un mes del doble terremoto

“Hasta hallarlos no nos vamos”, siguen búsquedas en Vargas a un mes del doble terremoto

por Redacción web

En residencias Bahía Mar las familias pagaron 20.000 dólares para contratar maquinaria pesada por cuatro días, tras el doble terremoto

Janet Pérez Marcano instaló tres toldos a las afueras de lo que fue la residencia Rita Sol Palace, en la urbanización Caribe, en Vargas. Bajo la sombra de la lona pernocta con su familia en cinco carpas, a la espera de noticias sobre los restos de su hermana, Ibelice Pérez de Pirela, de 64 años, uno de los ocho cuerpos que aún faltan por recuperar del conjunto residencial colapsado tras el doble terremoto.

Pérez Marcano tomó un avión desde Estados Unidos, donde reside, y no fijó fecha de retorno. Asegura que no se irá de Caribe hasta encontrar a su hermana para darle cristiana sepultura.

“Desde el primer día, cuando supe de la tragedia que había sucedido acá en La Guaira, me vine de donde estaba y desde entonces estoy pernoctando acá con parte de mi familia. Hasta hallarlos no nos vamos”, dice con firmeza.

Ibelice vivía con su hija de 22 años, pero la joven estaba en Caracas la tarde del 24 de junio, cuando los dos terremotos, uno 7,2 y otro de 7,5, derrumbaron el edificio. Para la familia, que la joven no estuviera en el apartamento en ese momento es un milagro.

“Al principio seguíamos esperanzados en conseguir a mi hermana con vida, pero a medida que pasaron los días tuvimos que aceptar la realidad. Ahora luchamos, por lo menos, para darle una sepultura digna”, dice. 

El proceso de búsqueda ha sido largo y doloroso. Este miércoles 22 de julio, a 28 días de la tragedia, se mantienen firmes en el lugar a pesar de las fallas logísticas que persisten en la zona, las altas temperaturas y el desgaste anímico y también físico.

La mujer comenta que han recibido apoyo tanto de entes gubernamentales como de empresas privadas y voluntarios, aunque durante las primeras jornadas la situación fue desesperante debido al colapso inicial.

“Pedíamos de todo, rescatistas, maquinaria, voluntarios y suministros como mascarillas y alcohol. Poco a poco nos fueron respondiendo algunas instituciones públicas y privadas, y la gente, el venezolano, se volcó a ayudar. Si se necesitaba alcohol o comida, aquí aparecía. Aunque en algunos momentos sentimos que no estábamos recibiendo suficiente apoyo de ninguna parte, finalmente varios rescatistas se quedaron permanentemente. Ellos estuvieron muy atentos en la búsqueda de los 42 desaparecidos que había aquí en el Rita Sol Palace”, agrega.

Janet detalla que, hasta la tarde de este miércoles, los rescatistas y voluntarios han extraído 34 cuerpos sin vida de la estructura. “Solo quedan ocho por recuperar”, reitera. El grupo que permanece en el sitio trabajando en las labores de recuperación está integrado por una brigada de rescatistas argentinos, funcionarios de Protección Civil Nacional y de las sedes de Mérida y Yaracuy, junto a otros voluntarios independientes.

“Regresaré una vez que la consigamos y pueda estar con mis sobrinos. El hijo de mi hermana vive en Chile y también se vino de allá inmediatamente al enterarse de la tragedia; todavía sigue aquí con nosotros”, añade. 

Pagaron 20 mil dólares por seis días de maquinaria 

Al igual que Janet, Gloria Rey se instaló en un campamento improvisado en la avenida Costanera de Caraballeda, al este de la entidad. Bajo un toldo equipado con carpas, algunas bombonas de oxígeno y cavas para conservar agua fría, permanece junto a sus allegados a la espera de noticias sobre siete familiares y amigos que quedaron atrapados tras el colapso de las residencias Bahía Mar.

Aranza Tarache, Ainhoa Chaparro, Oriana, Yorman, Marina, Jesús y Johan habían viajado a La Guaira para disfrutar del día festivo en un apartamento de playa y quedarse hasta el fin de semana. Al momento del doble terremoto se encontraban dentro del inmueble; y a casi un mes del hecho, todavía no hay rastros de ellos ni de sus vehículos.

Gloria explicó a Efecto Cocuyo que, ante la falta de equipos pesados en las primeras semanas, su familia y amigos en el extranjero reunieron fondos para contratar una grúa tipo pluma y remover las estructuras de concreto más densas.

“Nosotros pagamos una máquina tipo pluma; hasta el momento hemos gastado 20 mil dólares. Esa maquinaria fue traída de Valencia, estado Carabobo, y eso fue lo que cobró por cuatro días de trabajo. Luego, los operadores nos otorgaron dos días más de gracia porque vieron que nos era imposible sacarlos en el tiempo previsto”, relata.

Gloria agrega que en las residencias Bahía Mar se han recuperado varios cuerpos, pero ninguno corresponde al de sus familiares. “Estamos aquí indagando, buscando. Ya necesitamos máquinas pesadas que nos ayuden a remover las estructuras colapsadas, porque nos quedamos sin el apoyo del Gobierno”, denuncia.

La mujer permanece en el campamento desde el 25 de junio, el día posterior a los dos terremotos. Pese a que han visibilizado su situación por distintos medios, asegura que la respuesta estatal ha sido nula en cuanto a las labores de remoción. “Lo único que no nos ha faltado es la comida y el agua, porque la gente civil nos trae; pero de las autoridades no hemos recibido ayuda para nada”, afirma.

Maquinaría Pluma
Maquinaria pluma. Foto referencial.

Kelly busca a su hermana y a tres parientes más entre las ruinas

A la espera en el urbanismo de Misión Vivienda OPP25, ubicado en Tanaguarena, parroquia Caraballeda, está Kelly Oropeza. Lleva los mismos 28 días aguardando que las cuadrillas logren extraer de los escombros a su hermana Gladis Oropeza, de 56 años, y a su sobrino, Braulio Caruto Oropeza, de 22 años de edad, quien estaba con su esposa y su hijo.

“Tengo todo el tiempo que ha transcurrido desde los dos terremotos esperando que saquen a mi hermana y a mi sobrino. Esto ha sido algo devastador. Pienso que aunque nos lo hubiesen advertido, no habríamos podido afrontarlo, porque nosotros no tenemos una cultura sísmica; no sabemos de primeros auxilios ni cómo reaccionar en el momento exacto del temblor”, relata Kelly.

Durante las semanas de guardia frente al edificio colapsado, el contraste con otras realidades se ha vuelto inevitable para ella. “En estos días observaba en medios internacionales cómo cubren las noticias de otros países donde también ocurren terremotos, y yo veo a la gente tan tranquila, tan pacífica, porque ya saben qué hacer. Nosotros aquí de verdad no supimos cómo actuar y este desenlace también es resultado del desconocimiento”, dice. 

Bajo las ruinas de la estructura aún yacen cuatro miembros de su entorno familiar. Por eso, el único anhelo que le queda a Kelly es cerrar un ciclo de angustia que parece no tener fin, a pesar del paso de cuatro semanas. “Quisiera que los restos de mi hermana y de mi sobrino sean extraídos pronto, al igual que los de la esposa de mi sobrino y su hijo. Que esto ya termine, porque este es un día a día que nadie quiere vivir, de verdad que no”.

A los familiares y vecinos apostados en los alrededores de las ruinas de la OPP25 los apoya una brigada de rescatistas argentinos, quienes llegaron al país en un vuelo chárter el 3 de julio, gestionado especialmente para sumarse a las labores de recuperación de los cuerpos.

José halló a su madre y a su sobrino bajo los escombros

Cerca de los campos de golf de Caraballeda está otro de los refugios improvisados. Allí permanece José Yarbes, de 45 años, habitante de la torre B de la OPP33, ubicada en la urbanización Caribe. Decidió quedarse en ese campamento para estar cerca del lugar donde se levantaba su edificio y sumarse a diario a las labores de excavación.

“Yo me quedé sin nada, igual que mucha gente. El mismo día del terremoto venía de hacer una diligencia en Maiquetía. Mientras avanzaba y veía la magnitud de los destrozos, me repetía en el camino: ‘Dios mío, se están cayendo los edificios, ojalá que el de mi mamá no’. Pero cuando llegué, lo vi en el suelo”, cuenta José.

El impacto inicial lo llevó a buscar de inmediato al resto de su familia. “En ese momento pensé que mi mamá había muerto, porque ella vivía en el piso 1 y le cayeron todas las plantas encima. Fui corriendo a otra OPP donde vivía mi hermana para ver cómo estaba, pero ese edificio también colapsó y ella quedó sepultada. En medio de la situación me conseguí con otros vecinos que sobrevivieron y empecé a ayudar como pude. Desde ese primer día estuve excavando con la esperanza de conseguir los cuerpos para darles cristiana sepultura”.

Las labores manuales entre vecinos continuaron durante tres semanas. “Estuve buscando a mi madre hasta este domingo 19 de julio, cuando junto a varios vecinos logramos cavar hasta el piso 1 y dimos con su cuerpo. Mi sobrino estaba con ella; los encontramos abrazados. Él intentaba protegerla, era su abuela. Mi mamá se llamaba Esmeralda Guzmán, tenía 60 años, y mi sobrino Daniel González, de 22”.

Aunque encontró a sus familiares, José permanece en el sitio. “Hubo colaboración de algunas máquinas, sin embargo, falta mucho por hacer porque faltan por recuperar al menos 52 cuerpos que siguen bajo las ruinas. Tan solo de mis vecinos del primer piso hay cerca de 14 de los que no han hallado los cadáveres”, señala.

A casi un mes del 24 de junio, los campamentos improvisados en Caribe y Caraballeda ya forman parte del paisaje. Bajo los toldos, las familias pernoctan y se organizan mientras aguardan el paso de las máquinas pesadas sobre los escombros para encontrar a los suyos.

Decenas de cuerpos siguen atrapados bajo el concreto. Entre la solidaridad comunitaria, el trabajo de las brigadas y la falta de equipos estatales, los allegados coinciden en que no se moverán de las aceras hasta recuperar a sus familiares./POR REYNALDO MOZO ZAMBRANO | @REYMOZO /efectococuyo

Related Articles