La Guaira enfrenta una de las mayores tragedias de su historia tras el doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 registrado el miércoles. El balance oficial se elevó a 1.450 fallecidos, 3.150 heridos, más de 12.700 familias damnificadas y decenas de miles de personas que inicialmente permanecían desaparecidas o sin contacto. Además, 774 edificios colapsaron 179 colapsaron totalmente en la zona más afectada. (Reuters)
Las autoridades recuperan hasta 20 cuerpos por hora y habilitaron ocho morgues improvisadasporque la capacidad forense fue rebasada. Las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen con el paso de las horas, aunque los equipos continúan las búsquedas entre los escombros. En las operaciones participan 25.000 funcionarios venezolanos y 2.741 rescatistas internacionales, apoyados por brigadas de voluntarios y vecinos. (El País)
La emergencia también expone la precariedad de la respuesta. Miles de personas permanecen sin agua potable ni electricidad; escasean medicamentos, combustible, bolsas para cadáveres y hasta alcohol para desinfectar heridas. Las camillas son improvisadas con puertas de madera y los cuerpos son trasladados en camionetas adaptadas ante la falta de vehículos funerarios. (El País)
Los testimonios retratan el drama humano. Un rescatista que ingresó a un edificio inclinado salió en estado de shock: “No consigo quitarme este olor. Solo sangre y cuerpos”. Una tanatóloga denunció: “Dicen que hay ayuda internacional, pero aquí no hemos visto nada. No podemos hacer esto solos”. Un policía resumió el desorden operativo con una frase que se volvió símbolo del caos: “Ahí hay 300 carajos mandando”. Incluso miembros de las Fuerzas Armadas admitieron las limitaciones: “No estábamos preparados para esto. No tenemos los medios”. (El País)
Entre las historias más conmovedoras está la de Alvear Rodríguez, de 78 años, quien recorrió durante horas edificios destruidos buscando a su hija y a sus nietos hasta encontrarlos con vida. En contraste, Juan Manuel Chirino permanece frente al edificio donde murieron su hijo, su nuera y sus dos nietos, de 6 y 10 años, rescatados abrazados entre los escombros. Sin respuestas sobre la entrega de los cuerpos. (El País)