lunes, febrero 16, 2026
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Un duelo entre El Fandi y Colombo coronado con la puerta grande en Mérida

por Redacción web

Por: Germán D’ Jesús Cerrada

Bajo un cielo cárdeno que se resistió a dejar pasar los rayos del sol, la Plaza Monumental Román Eduardo Sandia vivió una de esas jornadas donde el calor nace de los tendidos. Con un lleno hasta las banderas, la afición merideña demostró que su pasión por la Fiesta Brava no entiende de climas grises, convirtiendo la tarde en un hervidero de emociones. 

En el ruedo, el reencuentro de dos potencias del segundo tercio marcó el compás del festejo: la maestría veterana de David Fandila «El Fandi» y la ambición desbordante del ídolo local, Jesús Enrique Colombo.

El granadino ratificó su idilio con Mérida desde que se abrió de capa. Con su primero, «Embajador» de la ganadería de Campolargo, «El Fandi» desplegó su amplio repertorio: una larga cambiada de rodillas y un tercio de banderillas compartido que electrizó los graderíos. 

Su muleta, siempre dispuesta al agrado del respetable, cuajó una faena de conexión inmediata rematada con un espadazo fulminante que le valió las dos orejas. 

Sin embargo, en sus siguientes turnos la suerte fue dispar; con el tercero de San Antonio la faena careció de estructura sólida, perdiendo opciones tras un errático uso de los aceros, mientras que en el quinto, un castaño con cuajo que terminó parado, el lucimiento fue escaso pese a su entrega constante.

Por su parte, Jesús Enrique Colombo salió al coso merideño con una actitud de entrega absoluta. 

Tras una ovación en su primero ante un astado tardo y aplomado, el momento de mayor voltaje llegó en el cuarto de la tarde. 

Colombo se fundió en una faena de largo aliento que encendió la petición de indulto. 

Entre la confusión del clamor popular y los avisos de la presidencia, el tachirense mantuvo la serenidad; tras un pinchazo y una estocada certera, la autoridad terminó por concederle las dos orejas, reconociendo una labor de gran exposición y mando que el público premió con fuerza.

El clímax de la jornada llegó con el sexto, un noble ejemplar de Campolargo. Mientras una suave llovizna comenzaba a refrescar el ruedo, otorgando un aire místico a la lidia, Colombo dictó una cátedra de entrega bajo los acordes del pasodoble «Puerta Grande». La comunión entre toro, torero y afición fue total, y esta vez la presión unánime de los tendidos fue ineludible, obligando a la presidencia a conceder el indulto. 

Con dos orejas simbólicas en su haber, Colombo abandonó la plaza a hombros junto a «El Fandi», cerrando una tarde de contrastes donde la Fiesta Brava reafirmó su vigencia en el corazón de la Ciudad de los Caballeros.

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