La presidenta encargada de Venezuela asistió en la ONU al discurso en el que el republicano llamó a Maduro “dictador criminal” y habló del petróleo de su país como un “botín” del que apoderarse
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió este martes con su homologo estadounidense, Donald Trump, en Nueva York, al margen de la Asamblea General de la ONU.
La reunión tuvo lugar en el hotel Lotte New York Palace, en el marco de una recepción ofrecida por Trump a líderes extranjeros. También participaron altos cargos estadounidenses como los secretarios de Estado, Marco Rubio, y del Tesoro, Scott Bessent, la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el subjefe de gabinete, Stephen Miller. El encuentro se celebró a puerta cerrada y sin acceso de la prensa.
«Sostuvimos una histórica reunión con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con quien conversamos sobre el fortalecimiento de la relación bilateral entre nuestros países y el avance de una agenda de cooperación en áreas estratégicas como energía, minería, seguridad y otros asuntos de interés común», escribió Rodríguez en su cuenta oficial de X.
Delcy Rodríguez agradeció además el respaldo recibido tras la emergencia sísmica de junio: «Expresamos nuestro agradecimiento al presidente Trump y a su gobierno por el decidido apoyo brindado durante la emergencia ocasionada por los terremotos del pasado 24 de junio, así como por su respaldo al proceso de reinserción de nuestro país en los espacios multilaterales».
La jefa de Estado encargada cerró su declaración con una definición sobre el rumbo de la relación bilateral: «Venezuela y los Estados Unidos comparten una relación histórica que, en esta nueva etapa, estamos llamados a encauzar a través del diálogo. Seguiremos impulsando una diplomacia al servicio del interés nacional, orientada a alcanzar resultados concretos y beneficios colectivos para el pueblo venezolano».
Al llegar a la sede de la ONU el martes, Rodríguez dijo que aterrizaba en Estados Unidos “de pie, caminando, frente en alto”. Poco después, asistió impertérrita a un discurso en el que Trump sacó pecho por una operación militar “masiva” para detener al “dictador fuera de la ley y auténtico criminal, Nicolás Maduro”. El expresidente venezolano estaba muy cerca de donde se hablaba de él, a unos 20 minutos en csrro, en la cárcel de Brooklyn donde duerme desde su salida forzada del poder el pasado 3 de enero.

Delcy Rodríguez y Donald Trump, en Nueva York, el 22 de septiembre de 2026.
GOBIERNO DE VENEZUELA
Pero de lo que más orgulloso pareció el republicano es del acuerdo anunciado en septiembre para hacerse con acceso privilegiado a más del 20% de las reservas petroleras del país sudamericano. “Si sumamos a Estados Unidos y a Venezuela, tenemos más del 60% del petróleo del mundo. Así que es, tal vez, el mayor acuerdo. Fue una guerra, pero es, quizás, el mayor acuerdo jamás realizado. Al vencedor le corresponde el botín”, dijo.
El escenario donde todo esto ocurría no podía ser más simbólico. En la sede de la ONU pronunció Chávez, el líder de la revolución bolivariana que llegó al poder en 1998, la archiconocida frase de “Aquí huele a azufre”. La dijo en la Asamblea General de 2006, después de que hablara el presidente George W. Bush. “Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar, huele a azufre todavía, en esta mesa, donde me ha tocado hablar”, aseguró Chávez, unas palabras mil veces repetidas y caricaturizadas.
Maduro, sucesor de Chávez tras su muerte en 2013, retomó el tono belicoso. La última vez fue en 2018, durante el primer mandato de Trump. Incluso la propia Rodríguez, que hoy insiste en la necesidad de tender puentes con el amigo americano, lanzó también desde la ONU ataques durísimos contra Estados Unidos y contra Trump.
En 2019 calificó las sanciones de Estados Unidos como una forma de “terrorismo de Estado” que ya no usa bombas, sino bancos y aseguradoras; acusó al republicano de haber “estirado sus garras imperiales” contra Cuba; dijo que pueblos como el venezolano no tenían acceso a una maquinaria mediática al servicio del “hegemón” mundial y sus satélites; y pidió a Washington menos arrogancia y más tolerancia hacia las naciones libres. Hoy, esas palabras parecen muy lejanas.
