domingo, febrero 15, 2026
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​El Idilio de «Despechado»: Marco Pérez Enamora a Mérida en el Inicio del Sol

por Redacción web

Germán D’ Jesús Cerrada 

​La Feria Internacional del Sol 2026 no pudo tener un prólogo más vibrante en la Monumental Román Eduardo Sandia. Bajo un cielo de nubes que aplacaron el sol pero no el ánimo de la afición, el coso merideño vibró con una tarde de emociones a flor de piel, donde la juventud, la veteranía y la bravura de los Molineros se conjugaron en un festejo que quedará para el recuerdo. 

Antes de que el primer toro asomara por chiqueros, la plaza se fundió en un solo aplauso cuando las autoridades municipales entregaron la medalla «Honor al Mérito Taurino» a David Fandila «El Fandi», reconociendo sus tres trofeos en la Feria del Sol y sus 25 años de alternativa.

​La primera del Sol estaba llena de expectativas, con un encierro de Rancho Grande y El Prado que, en líneas generales, destacó por su nobleza y bravura. 

Quien abrió el Carnaval Taurino fue el tachirense César Vanegas, que regresó al coso merideño encontrándose con un toro que, aunque justo de fuerzas, permitió el lucimiento. Vanegas construyó una faena interesante que conectó con la afición; por la izquierda dejó destellos de calidad y con la derecha suavidad, oyendo la música que animó su actuación para concederle la primera oreja del ciclo. 

En su segundo, un buen toro con el que mostró voluntad, un pinchazo y una estocada deslucieron lo que pudo ser una puerta grande, quedando su labor en silencio.

​Por su parte, el español Tomás Rufo se presentaba con la responsabilidad de su nombre ante «Detallista», un ejemplar de El Prado, colorado y bizco del pitón derecho, que acusó falta de fuerzas. A pesar de ello, Rufo mostró oficio y determinación, logrando arrancar una oreja tras aviso con una estocada caída.

En su labor con el sobrero que decidió regalar, el animal se paró muy pronto y no permitió el lucimiento, silenciando su esfuerzo final.

​Sin duda, el momento cumbre de la jornada lo protagonizó el joven Marco Pérez. Su toro, de Rancho Grande, fue recibido con delantales de bella factura y una revolera de gran factura. Fue con la muleta donde la magia se desató sobre la mano derecha, con series largas, templadas y de gran profundidad. 

El toreo en redondo, ejecutado con una lentitud, su exquisita faena hizo vibrar a los aficionados. 

Para el tendido, Pérez se arrodilló en los medios dibujando muletazos de ligazón que levantaron a los aficionados de sus asientos.

Ante la nobleza y entrega de «Despechado», el número 24 de 460 kilos, el público comenzó a pedir el indulto con una petición ensordecerora que fue atendida por la  autoridad.

​»Despechado» se ganó la vida en el día del amor y regresará a Las Porqueras a seguir enamorando a las vacas de Rancho Grande de los herederos de Hugo Domingo Molina. 

Pérez paseó los trofeos dando la vuelta al ruedo bajo la aclamación de la afición, en una tarde que jamás olvidará tras demostrar valor, temple y un torerismo de altura que superó cualquier expectativa. 

Al finalizar la tarde, Marco Pérez salió por la Puerta Grande de la Inmaculada a hombros, consagrando su debut como figura en la ciudad de los caballeros.

​En la ficha del festejo se registró más de media plaza en una tarde muy fresca y alegre. César Vanegas se llevó oreja y leves palmas; Tomás Rufo oreja tras aviso, silencio y silencio en el de regalo; mientras que Marco Pérez se cubrió de gloria con el indulto, dos orejas simbólicas y silencio en su segundo. Fue una tarde de cinco toros de Rancho Grande y uno de El Prado donde la bravura encastada de los ejemplares de los Molineros permitió una apertura de feria digna de la historia taurina de Mérida.

Fotos: Ramón Pico,  Leo Vielma y Germán D’ Jesús Cerrada 

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