El temor a las deportaciones se dispara tras la revocación del ‘parole’ humanitario, que dejó sin papeles a 1,2 millones de ciudadanos del país sudamericano
“¿Qué hago? ¿Me voy a la policía y digo: ‘Revísenme los tatuajes con tiempo. No soy un criminal’?”.
Nassi, un inmigrante venezolano residente en Nashville, Tennessee, vive con miedo ante la reciente oleada de deportaciones de venezolanos desde Estados Unidos. La noticia de que algunos han sido enviados a una megacárcel en El Salvador, acusados de pertenecer al Tren de Aragua—una organización criminal nacida en Venezuela—ha desatado pánico en la comunidad. “Me hice unas notas musicales en la muñeca. El signo Piscis y el signo Libra. Me tatué las patitas de mi perrita pitbull, que murió. Una brújula. El rayito de Harry Potter. Y me tatué unas cicatrices que tenía en el cuello para mejorar mi imagen”, explica Nassi, quien ahora teme que su aspecto pueda convertirlo en un blanco de persecución.
Originario de Maracaibo, Nassi se dedicaba a enseñar danza urbana en su ciudad natal antes de emprender su migración por Perú, México y finalmente Estados Unidos, donde en 2022 se entregó a la patrulla fronteriza en Arizona. En 2024 recibió un permiso temporal de trabajo, que expira el próximo 7 de abril.
Hoy, su vida ha cambiado drásticamente. Evita salir de casa, dejó de conducir por miedo a ser detenido y se cubre la piel en público. “Me siento atrapado. Todos los días pienso en la posibilidad de irme. Siento que de un momento a otro mi vida va a cambiar y quiero saber qué debo hacer”.
Deportaciones masivas y el miedo a la arbitrariedad
Los inmigrantes venezolanos sin estatus legal permanente se han convertido en objetivos fáciles para las autoridades migratorias. Desde que el presidente Donald Trump revocó el ‘parole’ humanitario y otras protecciones temporales, más de 1,2 millones de venezolanos quedaron en situación irregular. Muchos de ellos llegaron a EE.UU. huyendo de la crisis en su país, sin antecedentes penales, pero ahora enfrentan la posibilidad de ser deportados sin derecho a un debido proceso.
Las recientes deportaciones de venezolanos a El Salvador bajo la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 y la nueva Ley Laken Riley han generado aún más preocupación. “¿De qué va a servir tener un abogado si ni siquiera un abogado puede intervenir cuando quieren aplicar una ley como la de enemigos extranjeros?”, cuestiona Nassi.
El 15 de marzo, 238 venezolanos fueron deportados a El Salvador, donde fueron recluidos en la temida cárcel de máxima seguridad. Un juez estadounidense había ordenado detener las deportaciones, pero la medida fue ignorada.
La comunidad sigue a la espera de respuestas y soluciones ante una situación que los ha dejado en una encrucijada, entre la incertidumbre de quedarse y el miedo a ser deportados en cualquier momento./Maye Primera/Mas información en elpais.com