El artista puertorriqueño se impuso frente a producciones de Lady Gaga, Sabrina Carpenter, Justin Bieber, Clipse (Pusha T & Malice), Leon Thomas, Tyler, The Creator y Kendrick Lamar, y cerró la noche con tres victorias tras llegar a la ceremonia con seis nominaciones.
Además del máximo premio de la noche, Bad Bunny también ganó Mejor Álbum de Música Urbana y Mejor Interpretación Global, consolidándose como una de las figuras más dominantes de esta edición y reafirmando el alcance transversal de su propuesta artística.
Cabe destacar que es la primera vez que un artista gana el mismo premio en el Grammy y el Latin Grammy
Durante su paso por la ceremonia, el artista utilizó su plataforma para enviar un mensaje directo contra las políticas migratorias en Estados Unidos y las acciones del ICE.
“Antes de darle gracias a Dios, quiero decir: fuera ICE”, expresó.
“No somos salvajes, no somos animales, no somos extraterrestres. Somos humanos y somos americanos”, añadió, antes de reflexionar sobre el clima social actual de Estados Unidos.
“El odio se hace más fuerte con más odio. La única cosa más poderosa que el odio es el amor. Si vamos a luchar, tenemos que hacerlo con amor”, concluyó, provocando una ovación del público.
Con este triunfo, Bad Bunny confirma que Debí Tirar Más Fotos no fue solo un giro estético dentro de su discografía, sino una auténtica declaración de madurez artística. El reconocimiento a Mejor Álbum del Año valida un proyecto que apostó por la pausa, la memoria y la introspección en un momento en el que su carrera no necesitaba demostrar nada más en términos comerciales.
El triunfo llega tras una etapa de dominio absoluto. Luego de redefinir el alcance global de la música latina con Un Verano Sin Ti —que ya había abierto camino al convertirse en el primer álbum en español nominado en esta categoría— y de desafiar expectativas con Nadie Sabe Lo Que Va a Pasar Mañana, el artista eligió un camino menos estridente y más emocional.
Debí Tirar Más Fotos se construyó desde la contemplación: no buscó el impacto inmediato del sencillo viral, sino la cohesión de un álbum que se escucha como un relato personal.
Ese cambio de ritmo marca un punto clave en su trayectoria. Las canciones del disco, lanzado en 2025, se mueven entre la nostalgia, la pérdida y la conciencia del tiempo, abordando lo que se fue, lo que no se dijo y lo que ya no puede repetirse. El propio título del álbum resume esa sensación compartida: la certeza de que algunos recuerdos merecían quedarse mejor guardados.
El impacto fue inmediato, aunque no por las vías tradicionales. Debí Tirar Más Fotos conectó con una generación acostumbrada a documentarlo todo y aun así sentir que algo se pierde en el proceso. Esa conexión íntima, más que cualquier cifra, explica por qué el proyecto logró trascender y posicionarse como uno de los trabajos más significativos del año.
En términos de carrera, los Grammy reconocen a un Bad Bunny que ya no responde a las reglas del mercado, sino a su propio pulso creativo. Un artista que no solo marca las pautas de la industria latina, sino que comienza a hacerlo —cada vez con mayor claridad— dentro del mercado anglosajón.
Premiar este álbum es también validar que la música urbana puede ser reflexiva sin perder impacto ni alcance, y una confirmación de que la música puertorriqueña es global. El disco dialoga con Puerto Rico desde un lugar emocional, con referencias explícitas a la Isla, mientras explora una paleta musical que va del reguetón tradicional a la salsa y la plena, géneros que, con este reconocimiento, fueron finalmente validados por la “élite” de la industria musical internacional.
Sin perder identidad, el vegabajeño amplió el lenguaje sonoro de su propuesta y colocó a la música puertorriqueña en el centro de la conversación global.
Con estos premios, Bad Bunny consolida una etapa distinta de su carrera. Lejos de cerrar un ciclo, Debí Tirar Más Fotos abre la puerta a una narrativa más consciente de su legado y de su tiempo.
El Grammy no celebra únicamente un álbum exitoso; reconoce la valentía de un artista que, en la cima, decidió mirar atrás y convertir esa mirada —y su postura—