lunes, febrero 9, 2026
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Bad Bunny deslumbra en la Super Bowl con un homenaje a Puerto Rico y una defensa de América más allá de Estados Unidos

por Redacción web

El artista boricua firma, con la ayuda de Lady Gaga y Ricky Martin, una brillante actuación en el espectáculo del descanso de la final de la NFL más esperado, que Trump define como “terrible”

Una fantasía de palmeras, cañas de azúcar y azoteas de dos edificios entre el Viejo San Juan y Nueva York —con su mercado (La Marqueta, como el de Harlem), su “Casita”, su barbería y una licorería que decía, simplemente, “Conejo”— sirvió a Bad Bunny de escenario para su deslumbrante consagración como icono de los hispanos en Estados Unidos y de los latinoamericanos en el mundo; el mundo de Donald Trump. Fue este domingo en Santa Clara (California), en un espectacular show del descanso del partido de la Super Bowl, que, en algo que solo cabe calificar como un triunfo para el artista, el presidente de Estados Unidos corrió a definir como “terrible”.

“Bienvenidos al espectáculo del medio tiempo del Súper Tazón”, decía, así, en español, la pantalla del estadio de los San Francisco 49ers a la mitad de la final de la NFL que enfrentó a los Seahawks y los Patriots. El cantante llegó de punta en blanco, con un balón de fútbol americano que retomó al final de la actuación, cuando, con el fondo de su himno DtMF, exclamó “Seguimos aquí” y marcó un touchdown por la unidad del continente americano. Estaba rodeado de un cuerpo de baile que portaba las banderas de todos sus países, cuyos nombres acababa de recitar el cantante, que se reservó para él la de su isla, Puerto Rico.

Fue el broche a un recital fulgurante e imaginativo, en el que hasta hubo una boda de verdad (y un niño dormido en las mesas, como en una boda latinoamericana de verdad), ademas de otras sorpresas como ver a Lady Gaga, acompañada por el conjunto puertorriqueño Los Sobrinos, interpretar Die with a Smile (con la que ganó el Grammy junto a Bruno Mars el año pasado) en clave salsera, antes de fundirse en un Baile inolvidable con el protagonista. O a Ricky Martin, otro puertorriqueño, en un gesto de reconocimiento a los que vinieron antes que él en la conquista del mercado estadounidense que honra a Bad Bunny. Este también incluyó un medley de éxitos de reggaetón primigenio, con La gasolina, de Daddy Yankee y Dale Don dale, de Don Omar. 

Cuando el ritmo urbano caribeño retumbó en el estadio de los 49ers, las pantallas sobre el escenario, que recordó al de la histórica residencia del artista el verano pasado en Puerto Rico, escupían con letras mayúsculas una palabra repetida: “PERREO”, tras un arranque en el que sonaron canciones como Tití me preguntó y Yo perreo sola. 

En las gradas, un público mayoritariamente blanco reaccionó con cierta indiferencia al show, durante el que el maestro de ceremonias hizo historia al hablar solo en español por primera vez en los 60 años de la Super Bowl. Famosos como Karol G, Jessica Alba o Pedro Pascal lo acompañaron sobre el terreno de juego. También, un icono nuyorican y de la noche de la Gran manzana como La Toñita, quien, mencionada en el tema Nueva Yol y llegada directamente de Brooklyn, sirvió un trago a Bad Bunny a mitad del show de Bad Bunny. 

“Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí mismo”, dijo Benito Antonio Ocasio Martínez, nombre de bautismo del chico de Vega Baja que desde hace una década rompe todas las marcas de la música latina. Fue poco antes de que la cámara enfocara a un niño con uno de los dos premios Grammy que el artista logró el domingo pasado; un niño actor cuya carita recordaba a Bad Bunny de pequeño y también a Liam Conejo, el crío de cinco años detenido en Minneapolis y convertido en símbolo de la agresiva política migratoria de la Casa Blanca. 

Los fans del cantante puertorriqueño bromearon durante la semana que un par de equipos de fútbol americanoestaban encargados este domingo de amenizar la espera de la Benito Bowl, como decían, en referencia al nombre de pila del artista, algunas camisetas en el estadio Levi’s del sur de San Francisco. La ocasión, 13 minutos musicales que parten por la mitad un partido que siguen 130 millones de personas, es todo un acontecimiento del entretenimiento global, pero esta vez los superlativos se quedaron cortos. Por motivos más políticos que artísticos, era el show más esperado de los últimos tiempos. 

Los grandes pronunciamientos de Bad Bunny fue, a golpe de banderas, su esperado homenaje a Puerto Rico y su no tan prevista defensa de América más allá de Estados Unidos. También, del gesto de bailar como un acto de resistencia. Y del español como un arma capaz de conquistar uno de los espacios más codiciados de un país cuyo presidente ha hecho oficial el inglés por decreto y ha lanzado la que aspira a ser la “mayor deportación” de inmigrantes irregulares de la historia, millones de personas, muchas de las cuales llevan décadas viviendo en este país, y que hablan en español, y chapurrean en inglés… y viceversa.

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