Agustín Volcanes
Fotos: Euro Lobo
En una atmósfera de profunda fe y alegría eclesial, la Catedral Metropolitana de Mérida fue el escenario de la solemne ordenación diaconal de Francisco Tomás, nativo de la ciudad de Mérida, con raíces en los pueblos del sur, específicamente Capurí, e hijo de Francisco Borrero y Zoila Noguera.
A partir de ahora, Francisco Tomás se suma formalmente al servicio del altar y al ministerio diaconal en la comunidad de los Legionarios de Cristo en Caracas.

La ceremonia estuvo presidida por Monseñor Helizandro Terán Bermúdez, arzobispo metropolitano de Mérida, quien mediante la oración consecratoria y la imposición de manos confirió este grado del orden sagrado.
Desde tempranas horas de la mañana, la feligresía colmó por completo los espacios de la Catedral, mostrando su respaldo y afecto al nuevo diácono. Grupos apostólicos, familiares, amigos y sacerdotes del clero merideño acompañaron este importante paso eclesial, que fortalece la labor pastoral en la región andina.

Un llamado al servicio y la humildad
Durante la homilía, Monseñor Helizandro Terán Bermúdez dirigió unas emotivas y firmes palabras al nuevo ordenado, recordándole la esencia de su ministerio:
“Querido hijo Francisco Tomás, hoy la Iglesia te confía una misión de amor, entrega y humildad. El diaconado no es un escalón de honor, sino el llamado más puro a ser la expresión viva de Cristo servidor.
Tu vida, desde este momento, pertenece al altar y al pueblo de Dios. Ve a las periferias, atiende al necesitado, consuela al afligido y sé siempre el puente que acerque a los hombres a la gracia divina.
Que tu servicio sea intachable y tu testimonio sea la luz que guíe a esta comunidad que hoy celebra tu ‘sí’ al Señor”.
Francisco Tomás asume su ministerio
Con la colocación de la estola al modo diaconal y la dalmática, el nuevo diácono Francisco Tomás asumió sus funciones litúrgicas. Las vestiduras fueron colocadas por su tía María Esther Noguera y el P. Antonio Rojas, a quienes escogió como padrinos de ordenación.
Posteriormente, Francisco Tomás recibió el abrazo de paz de su arzobispo y de sus ahora hermanos de ministerio, en medio de los aplausos de una feligresía desbordada de júbilo, que acompañó con fe y alegría este nuevo paso en su camino de servicio a la Iglesia y a la comunidad.