HomeInternacionalesColombia se vuelca en el rescate de los supervivientes del terremoto: “No se desgasten aquí, la única señal de vida es en el otro lado”
Rescatan a Diana, una mujer de 31 años que quedó atrapada en los escombros de Cali Personal de rescate logra sacar con vida a Diana Lucía en un edificio colapsado en Cali, Colombia, este martes.
El alcalde de Pereira, Mauricio Salazar, no puede contener las lágrimas al hablar de sus vecinos: su municipio concentra 73 de los 224 muertos que ha dejado hasta ahora el terremoto de este lunes. Un reportero de televisión termina consolándolo en directo. Poco después, vuelve a quebrarse frente a los micrófonos. Las poblaciones afectadas se debaten entre la conmoción y la urgencia de sacar sobrevivientes de entre los escombros. Las primeras 72 horas, el plazo que dan los expertos en rescates antes de que la esperanza se empiece a apagar, no tardarán en llegar.
La larga sacudida, de magnitud 7,4, ha dejado al menos cuatro departamentos del suroccidente de Colombia con decenas de edificios colapsados, miles de viviendas inhabitables y un número de desaparecidos que va cambiando en cada actualización. Tan solo 24 horas después del temblor —que llegó a sentirse durante cuatro eternos minutos—, las labores de rescate continuaban en las regiones más afectadas con ayuda de maquinaria pesada, rescatistas y militares.
Pereira, puerta de entrada al Eje Cafetero, uno de los destinos turísticos más buscados de Colombia, vive una extraña normalidad. La mayoría de los comercios de esta ciudad de más de 800.000 habitantes están cerrados, pero el tráfico es intenso a pesar de las restricciones de movilidad. Se oyen ambulancias de vez en cuando. Pocas. Algunos de sus vecinos cocinan en enormes ollas que calientan en fuegos improvisados en la calle.
En una zona que una noche normal daría miedo, este martes decenas de hombres buscaban a Luis Carlos Valera, el barbero, de 60 años y sin familiares cercanos en la ciudad. El local donde trabajaba quedó aplastado bajo los restos de un hotel de mala muerte, de 8.000 pesos o dos euros la noche. Entre sus rescatadores hay bomberos, vecinos y pequeños delincuentes del barrio. “¡Silencio!”, gritan. Esperan algún sonido para saber dónde buscarlo. “Luis Carlos, da un golpe si nos oyes”, le pide uno de ellos. Se escucha algo, imperceptible, y siguen escarbando. “Denos instrucciones y las seguimos”, pide con educación el líder de los rescatistas improvisados.
El capitán de bomberos Luis Reyes se pasea por la zona intentando ordenar los esfuerzos. “No se desgasten por aquí, la única señal de vida que tenemos es a ese otro lado del edificio”, ruega a un grupo de obreros contratados por un señor desconocido. Dicen que el barbero llegó a gritar algo pocas horas después de quedar sepultado. Reyes está en realidad en busca del “pluma”—como llama al líder del sector, una autoridad equivalente y que recibe el mismo nombre del cabecilla de un patio de cárcel—, el único capaz de coordinar y apaciguar a esos hombres de mala vida a quienes necesita de su lado. “Es un entorno delicado”, explica el bombero.
A pesar del despliegue urgente de maquinaria pesada y fuerza pública, hay lugares en Pereira donde aún se echa en falta más organización. “Aquí hace falta policía para organizar este desorden. ¿Sabe por qué? Porque no hay institucionalidad y no queremos accidentes”, advierte Reyes, funcionario local, mientras dos hombres sortean la calle en ruinas con una lavadora llena de ropa. No es un novato: atendió el terremoto de 1999, que dejó más de 1.000 personas muertas en la misma región, se ha formado internacionalmente en rescate en estructuras colapsadas, y ha sido instructor en esa especialidad en otros países de América Latina.
La vida normal está paralizada, pero todos están en movimiento. Incluido el presidente Abelardo de La Espriella, que en su fugaz paso por Pereira, en la mañana de este martes, aseguró que se le arrugaba el corazón al ver tantos comercios destruidos en el centro de la ciudad. El mandatario anunció la exención de pagos de servicios públicos durante tres meses y subsidios para los que perdieron sus viviendas. El ministro de Hacienda anunciaba, poco después, que el Gobierno decretará un estado de emergencia económica para atender la tragedia.
Mientras tanto, la búsqueda de los desaparecidos sigue en la calle y en las redes. Los mensajes se multiplican por grupos de WhatsApp. “Henry Palacio y Sonia de la Pava, dos personas de la tercera edad, son buscadas, no han tenido comunicación con ellos. Estaban en la Unidad Residencial Verona I de Pereira”. “Se busca a la familia Lozano Mora en Cali, ayúdanos a encontrarlos”. Entre las personas que no han podido ser localizadas después del terremoto hay 164 españoles, según ha informado el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.
En Cali, justamente, las autoridades buscan a por lo menos 21 desaparecidos. Entre ellos están Violeta, de 7 años, y su abuela Amparo. Allí, como en Pereira, tras el terremoto la ciudad entró en una operación de emergencia que movilizó a miles de personas entre miembros de los organismos de socorro y de las fuerzas de seguridad, y ciudadanos que salieron espontáneamente a ayudar. Con casi dos millones de habitantes, sus muertos se acercan al centenar, según los datos más recientes.
Hacia las nueve de la mañana del lunes, menos de hora y media después de la sacudida, los bomberos ya escalaban las montañas de ruinas. Uno de los que atendió la emergencia en La Alameda, una zona de comercio popular del centro de la ciudad, contaba que había llegado por sus propios medios, tan pronto pudo. Muchos de los rescatistas que se agolpaban allí eran voluntarios, espontáneos que se movilizaron orgánicamente. La escena se repetía en otros puntos.
Marlene Carrillo, una mujer de 70 años, cuenta cómo lo vivió en el barrio Cuarto de Legua, en el suroeste y a menos de un kilómetro del auditorio en el que, el viernes anterior, tomaba posesión el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. “La respuesta ha sido muy rápida. Al ratico de que pasara todo, empezó a llegar la gente a ayudar a salir a los que quedaban adentro”, decía sobre las edificaciones desplomadas en las laderas de la ciudad, la zona más afectada.