¿SERÁ EL DIÁLOGO QUE SE INICIA HOY DISTINTO A LOS ANTERIORES?
Si algo han aprendido los venezolanos a lo largo de las últimas décadas es que la mejor voluntad de los interlocutores no garantiza avances políticos. Lo prueban más de una docena de procesos de negociación entre el gobierno chavista y la oposición democrática, la mayoría terminados en farsa, frustración o fraude. ¿Será el diálogo que se inicia hoy distinto a los anteriores?
MACHADO Y GONZÁLEZ NO PARTICIPARÁN EN LA NEGOCIACIÓN
El reciente comunicado conjunto de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia dejó claro que los principales dirigentes opositores no participarán en la negociación que busca renovar el Consejo Nacional Electoral y parte del Tribunal Supremo de Justicia con el objetivo último de abrir el camino hacia elecciones democráticas, justas y transparentes. Esto no significa que las conversaciones encabezadas por Dinorah Figuera hayan naufragado antes de zarpar. Pero sí pone de relieve la tensión que atraviesa al campo opositor. Tras años de ilusiones y desengaños, vuelven a enfrentarse quienes consideran que se trata de otra maniobra del chavismo para perpetuarse en el poder y quienes creen que vale la pena intentarlo porque esta vez la presión proviene directamente de Washington.
EL CHAVISMO TAMPOCO LLEGA UNIDO AL PROCESO
El chavismo tampoco llega unido, como lo había hecho bajo la conducción de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En los últimos días, figuras como Mario Silva e Iris Varela han criticado públicamente a los líderes del gobierno de transición por colaborar con las exigencias de Estados Unidos y negociar con sectores opositores que consideran ilegítimos. A ellos se sumó un grupo encabezado por el ex vicepresidente Elías Jaua, quien reclamó un diálogo “entre venezolanos, para los venezolanos y por los venezolanos”, una forma cautelosa de rechazar la tutela estadounidense. Ninguno de estos dirigentes representa hoy el centro del poder, pero expresan el malestar de sectores desplazados por la troika integrada por los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello.
LA MAYOR NOVEDAD: EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS
La mayor novedad de este proceso, sin embargo, no es la fragmentación de la oposición ni la del chavismo. Es el papel de Estados Unidos. A diferencia de negociaciones anteriores, Washington no actuará como facilitador ni acompañante, sino como árbitro con intereses enormes propios. La oposición y el gobierno negocian, pero Trump decide. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿puede existir una transición democrática cuando el verdadero centro de decisión está fuera de Venezuela?
¿PUEDE EXISTIR UNA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA CUANDO EL CENTRO DE DECISIÓN ESTÁ FUERA DE VENEZUELA?
Esa es la interrogante que sobrevuela todo el proceso. Y la respuesta depende, en buena medida, de cuáles sean las prioridades reales de la administración Trump. Estas no siempre aparecen alineadas con las de los venezolanos y ni siquiera con el liderazgo opositor, como parece demostrar el veto de facto contra María Corina Machado.
LA LEGITIMIDAD DEL DIÁLOGO DEPENDERÁ DE LOS RESULTADOS
Los próximos meses pondrán a prueba la capacidad de Dinorah Figuera para dotar de legitimidad a una negociación que hoy carece del respaldo de buena parte de la oposición. Esa legitimidad no vendrá de las declaraciones ni de las fotografías de las reuniones, sino de los resultados.
Para muchos venezolanos, el diálogo solo tendrá sentido si produce cambios concretos: la renovación de las autoridades electorales, la restitución de derechos políticos y civiles, la recuperación de espacios para la libertad de expresión y de prensa, y una reforma del sistema judicial que permita reconstruir los contrapesos institucionales.
CRECEN LAS SOSPECHAS SOBRE LOS VERDADEROS INTERESES DE WASHINGTON
María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, por su parte, han reiterado que regresarán a Venezuela. Pero si hace unos meses esa posibilidad parecía encajar naturalmente dentro de una estrategia de transición exprés mediante elecciones presidenciales, hoy no resulta claro cómo contribuiría a un proceso negociador que busca precisamente abrir espacios institucionales de manera escalonada y con un calendario electoral que empiece por renovar el parlamento antes de unas presidenciales. Entre los sectores más escépticos de la oposición predomina la sospecha de que el verdadero objetivo de Washington no es democratizar el país, sino estabilizarlo para facilitar negocios petroleros y mineros.
“A ESTADOS UNIDOS NO LE IMPORTA EL RESULTADO DEL DIÁLOGO”
Una persona cercana a González Urrutia y Machado, que aceptó hablar bajo condición de anonimato, resume esa visión sin rodeos: “A Estados Unidos no le importa el resultado del diálogo. Quiere estabilidad para explotar recursos. Por eso alivia sanciones y mantiene a Delcy Rodríguez en el poder. El tutelaje es absoluto. Se trata de colonizar un estado fallido para extraer sus recursos”.
EL ÉXITO O EL FRACASO DEPENDERÁ DE CAMBIOS CONCRETOS
¿Puede existir entonces una transición democrática cuando el verdadero centro de decisión está fuera de Venezuela? Sí, pero solo si el diálogo produce avances verificables y no se convierte en una simple operación de estabilización política para hacer negocios con los recursos estratégicos venezolanos, incluso si implica el levantamiento de sanciones que es la primera demanda del régimen.
LA PRINCIPAL GARANTÍA SERÁ UNA SOCIEDAD MOVILIZADA
Nada de ello será posible sin libertad de expresión y de prensa, ni sin una ciudadanía activa. Después de años de promesas incumplidas, la principal garantía de que la voluntad popular, truncada por la fuerza el 28 de julio de 2024, no vuelva a ser burlada será una sociedad movilizada, capaz de presionar simultáneamente al gobierno y a la oposición para que los acuerdos se traduzcan en hechos.
El nuevo diálogo sigue siendo un viaje a lo desconocido. La diferencia es que, esta vez, el éxito o el fracaso dependerán de los cambios concretos que devuelvan a los venezolanos el control de su propio destino. Esa será la medida con la que serán juzgados Figuera y su equipo. ./elpais.com