En La Guaira se preparan para una segunda noche a la intemperie. Quienes perdieron sus casas y aquellos que temen regresar a los edificios agrietados por los dos terremotos consecutivos del miércoles han formado un enorme campamento improvisado en la calle. Hay familias alojadas en las islas de las autopistas, en parques y estadios.

El Gobierno eleva a 235 los muertos y a 4.300 los heridos un día después de dos seísmos
Las réplicas hacen temer que todo empeore, si eso fuera posible. Hay zonas que continúan sin luz y sin señal de teléfono, y otras donde la electricidad es intermitente. Un ejército de voluntarios ya ha activado centenares de centros de acopio para recoger insumos para los afectados, prepararles comida. Se han creado aplicaciones para localizar desaparecidos y reportar daños.
Con la noche, llegaron también los saqueos. Mientras los funcionarios de seguridad están concentrados en los edificios residenciales colapsados, en las zonas comerciales de Catia La Mara algunos han aprovechado para llevarse lo que ha quedado en las tiendas. Se vieron enjambres de motos que cargaron con neveras —desafiando cualquier norma o ley de la física—, televisores, fardos de comida. Se mezclaron con tranquilidad en el tráfico atascado por los obstáculos que han caído en la vía, autogestionado por los propios conductores ante la falta de semáforos por falta de electricidad.
Personas heridas son atendidas fuera de una clínica en La Guaira, este jueves.
MAXWELL BRICENO (REUTERS)
En otros sectores, como Caribe y Caraballeda, donde los daños de los terremotos han sido mayores, se ha repetido la escena. Quienes están apoyando a los rescatistas también han denunciado saqueos.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, se acercó el jueves a la zona de desastre. También, los primeros rescatistas internacionales de República Dominicana. “Esperamos recuperar la mayor cantidad de personas con vida”, dijo Rodríguez desde Macuto. Su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, adelantó que los sismos afectaron ocho hospitales y obligaron a su evacuación. Reportó además 20 centros comerciales deteriorados y 68 infraestructuras públicas dañadas.

Por la tarde, una mujer lloraba desesperada y pedía una máquina. Su hermana estaba bajo la montaña de unos pocos metros de altura en la que quedó reducida la torre de 12 pisos donde vivía. “Una máquina, por favor. Necesito a mi hermana que está ahí abajo”. En otro edificio de La Guaira, de medio millón de habitantes, un hombre miraba a ninguna parte mientras acariciaba un cadáver cubierto por una manta, que estaba al lado de otros dos. 2️⃣

En las calles, filas de personas caminaban arrastrando maletas, neveras, colchones. Allá donde se miraba, alguien lloraba. El 24 de junio fue festivo en Venezuela: aquellos que no estaban en sus casas tocaban tambores en las fiestas de San Juan.
En el sector de Catia La Mar, en el Estado de La Guaira, la gente no ha parado de buscar a sus familias y a sus muertos, desde que los dos sacudones de la tierra volvieran a instalar el estado de tragedia en el litoral que en 1999 ya había sido arrasado por un deslave. Lo hacían con machetes, martillos, palos, gatos hidráulicos para carros. Con las uñas, con sus vecinos. La presencia oficial de rescatistas casi no se nota en la zona cero del desastre.

En otro conjunto de vivienda social enLa Guaira, el Urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi, Jesús Bonasil, de 45 años, contó un escape de película del edificio en desplome en el que salvó a su madre y su perro. “Yo vivía en el piso 10 y sentí cómo se iba cayendo todo. Un muro de mi apartamento cayó sobre la lavadora y por ese espacio pude zafarme. Cuando salí, estaba a la altura del piso 2, todo quedó abajo”.
El número de muertos crece a medida que pasan las horas y avanzan las tareas de rescate. El jueves por la noche, el Gobierno elevó de 188 a 235 los muertos. Los heridos, en tanto, pasaron de 1.520 a 4.300 a los heridos por los dos terremotos del miércoles.
Caracas: edificios colapsados y sobrevivientes
En Caracas hay al menos cuatro torres residenciales caídas y decenas de edificios con grietas y fallas. La gente pide máquinas y brazos para mover escombros. Las redes de solidaridad que el venezolano ha cultivado para gestionar una crisis cotidiana se han activado para hacer inspecciones, prestar maquinaria, buscar desaparecidos.
Vecinos afectados por los edificios derrumbados tras los terremotos en Caracas, el 24 de junio.
DANIEL ECHEVERRÍA
En las Residencias Petunia, en Los Palos Grandes, hay una torre de 14 pisos que quedó reducida a seis plantas amontonadas. Todavía hay esperanzas de sacar gente con vida. Hay quienes han podido comunicarse por teléfono con sus familiares atrapados entre los escombros.
En la zona ya hay taladros y maquinaria para romper el concreto y facilitar la movilización de los escombros. Pero en las redes sociales se siguen pidiendo herramientas y equipos para acelerar los rescates en el resto de los edificios colapsados en Caracas, donde quedan personas vivas atrapadas y cuerpos por contabilizar.
Con el paso de las horas, crece el número de edificios afectados en Caracas, en particular en la zona de San Bernardino, donde falleció Alazne Solabarrieta Lecea, una mujer vasca de 65 años. En esa zona, donde tres edificios se desplomaron y otros 30 tienen graves afectaciones, han logrado rescatar a 25 personas.

